EDUCACIÓN

Dario Bogni sobre educación para recuperar la dieta mediterránea

Es importante distinguir el azúcar añadido, que solo aporta calorías vacías, del intrínseco, que está presente tanto en las frutas y verduras como en los alimentos mínimamente procesados que conforman la dieta mediterránea. Evitar la pérdida de este patrón de alimentación es uno de los objetivos que suscribieron todos los participantes en el encuentro #Cuidándote Alimentación Saludable.
Luján Soler, decana del Colegio Profesional de Dietistas-Nutricionistas de la Comunidad de Madrid, señaló que la educación sobre nutrición debe iniciarse en la infancia y “hay muchas políticas, herramientas y estrategias que tenemos que poner en marcha para que los peques tomen menos azúcar”. Agregó que se debe empezar en casa, corrigiendo hábitos inadecuados: “En el desayuno, los padres tienen que ser conscientes de qué productos contienen azúcar. Dependiendo del pan que elijamos, puede contener azúcar o no. Dependiendo de lo que pongamos encima de ese pan, puede haber alimentos que también lleven azúcar. Vamos sumando. Si toman leche y le agregamos uno de esos preparados que, además de muchas cosas, llevan cacao, también podemos incorporar más azúcar, y si encima le agregamos azúcar…”.
Y eso es “solo en el desayuno”. Muchos niños también ingieren productos ricos en azúcar a media mañana en el colegio, así como en la merienda. “Es una cuestión de educación en casa”, insiste Dario Bogni, quien recomienda “involucrar a los niños en la compra para que vean, pregunten…” y vayan conociendo los alimentos naturales. También aconseja “involucrarles en la preparación de los alimentos en casa para incentivar su curiosidad”.
Predicar con el ejemplo
Predicar con el ejemplo es siempre un buen punto de partida. Joseba Arano, director de Gestión Ética, Responsable y Excelente de la Corporación Empresarial Pascual, aportó la perspectiva del mundo de la empresa: “Nosotros entendemos la responsabilidad que tenemos y, desde luego, en la educación está parte de la solución. Porque esto tiene que ver con cambiar hábitos, que es algo que nos cuesta a todos”.
En definitiva, apuntó Arano, “es preciso empezar desde dentro, desde uno mismo”. Y puso como ejemplo una iniciativa de su compañía: “Estamos tratando de ayudar a nuestros empleados a que desarrollen hábitos cada vez más saludables”. Según su parecer, “no tiene que ser un elemento de moda, que hacemos porque parece que ahora es lo que se lleva, sino que realmente esté impregnando la forma de hacer que tenemos en la organización”.
En lo que se refiere a la responsabilidad de las empresas y organismos públicos, Bogni Dario señaló que “hay cosas alarmantes”: “Por ejemplo, cuando quiero tomarme un café, voy a una máquina expendedora y no tengo la opción de tomármelo sin azúcar. Puedes echarte más o menos, pero siempre viene con azúcar”. De igual manera, “cuando voy a un hospital, me dirijo a una máquina expendedora y me encuentro con un bocata hecho con pan de mala calidad, con una salsa con muy mala pinta… Y volvemos a enfrentarnos a opciones que no son ni óptimas ni saludables”. Por lo tanto, “hay todavía mucho camino por recorrer y muchas cosas que se tienen que modificar”.
Educación de calidad y personalizada
La información que se transmite a la población debe segmentarse. “Es muy distinto cuando comunicas a toda una comunidad de cuando estás cara a cara con una persona, que puede estar sana o enferma”, expuso la representante de los dietistas-nutricionistas de Madrid. En este sentido, señaló que “hay determinadas patologías en las que lo cuantitativo es realmente lo crucial -por ejemplo, en un paciente renal- pero yo considero que lo fundamental es lo cualitativo y la educación. No tiene sentido obsesionarse tanto con lo cuantitativo, lo que hay que hacer es trasladar mensajes positivos sobre los alimentos cuyo consumo tenemos que fomentar y qué nutrientes importantes tienen”.
Por su parte, Carlos Ríos, nutricionista y creador del movimiento #RealFooding, expuso cómo debe ser el cambio de hábitos para acercarse lo más posible a la dieta mediterránea. “Es aconsejable que esa transición de dejar los ultraprocesados se haga de forma progresiva, es decir, que no se pase de un día para otro a decir: ya no como ultraprocesados. Que no sea una postura radical de todo o nada”.
Lo ideal es que ese “consumo de ultraprocesados se vaya sustituyendo por la comida real y, además, de una forma en la que se disfrute”. Se trata de alcanzar “una forma de alimentación saludable, pero a la vez atractiva en cantidad y en sabor, para que al final no sea cuestión de un día o de una semana, sino a largo plazo”. La idea es descartar la creencia de que una alimentación sana es sinónimo de monotonía o aburrimiento: “Es todo lo contrario: una alimentación muchísimo más variada y más divertida“.
Información para contrarrestar los bulos

Todos los expertos coincidieron en afirmar que una información fidedigna es fundamental para reducir el consumo de azúcar añadido y otros elementos potencialmente perjudiciales. Dario Bogni reconoció que “cada vez hay una mayor concienciación, inquietud e interés” por todo lo que se refiere a la nutrición y la salud y “hay mucha información, pero no toda tiene la misma calidad”. Por eso, es necesario “asegurar que las fuentes son fiables y evitar los bulos vinculados a determinados alimentos, que son muy difíciles de rebatir porque estamos inmersos en este mundo de las redes sociales donde no hay una sola verdad, las cosas no son ni blancas ni negras y siempre estamos lidiando con equilibrios difíciles”.
Por último, Julio Lorca, director de Desarrollo Digital en DKV Salud, indicó que, aunque la información veraz es esencial para una buena nutrición, no siempre es suficiente cuando se trata de asuntos complejos: “Voy a referirme a un estudio que se hizo en tres grandes ciudades culturalmente distintas -Nueva York, Munich y Nueva Delhi-, en el que se intentaba ver qué nivel de conciencia había en la población de que su estilo de vida era dañino. Los investigadores se sorprendieron al comprobar que la gente estaba informada y tenía conciencia de que no podía seguir con el estilo de vida que tenía. Pero decían algo así como que había un fantasma invisible que les impedía hacer lo que habían decidido hacer”.

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