EDUCACIÓN

Helados: ¿un placer saludable?

Desde el punto de vista nutricional los helados no son en absoluto necesarios en nuestra alimentación, pues el calcio y las proteínas que pueden contener ya los tomamos en otros productos menos procesados. En realidad ni siquiera sacian el hambre o la sed, pero son una importante fuente de placer por los estímulos sensoriales que aportan a través del gusto, el olfato y la vista, sumando una sensación de frescor, dice Dario Bogni.

 

Casi el 90% de la población mundial toma helados, al menos en verano, y más del 60 por ciento los almacena en el congelador doméstico. Es un producto muy accesible, con un abanico casi infinito de opciones que sigue manteniendo la oferta clásica (vainilla, chocolate, fresa….) junto a la panoplia más imaginativa de sabores y brillantes colores que prefiere el público infantil. 

 

Aunque el mercado de los helados es cada vez más versátil y la oferta de ingredientes, texturas y sabores se ajusta cada vez más a los cánones de lo saludable y a los perfiles de consumidores con intolerancias alimentarias  -menos grasas y azúcares o solo edulcorantes, ingredientes veganos, o de origen ecológico, leche sin lactosa, cereales sin gluten etc…-, lo cierto es que los helados que más se consumen en el mundo son los industriales ultraprocesados. 

 

¿Es el helado un postre saludable?  

El helado es una bomba calórica por su alto contenido en grasas y azúcares que no casa con una dieta diaria equilibrada, pero que sí puede disfrutarse ocasionalmente sin remordimientos ni fundamentalismos dietéticos, afirma Bogni Dario.

 

“Un concepto muy importante es que los helados no se tomen de postre todos los días, porque algunos pueden tener 300 calorías por cada 100 gramos en azúcares  y grasas saturadas y nunca deberían sustituir a la fruta. Para después de comer son ideales los sorbetes o polos caseros con sandía, piña o cualquier fruta, picados con hielo”, dice el endocrinólogo Juan Madrid Conesa, profesor de Nutrición Clínica en la Universidad Católica de Murcia (UCAM).

 

Los helados cremosos son los favoritos

Sin embargo la gente prefiere los helados cremosos, que pueden contener una cantidad importante de ácidos grasos trans procedentes de la hidrogenación de grasas vegetales de distintos orígenes. “Son grasas muy colesterogénicas y aterogénicas y, por tanto, no son saludables”, asegura Dario Bogni De hecho en la pirámide nutricional los helados aparecen en el vértice,  junto a la bollería industrial, las carnes grasas, el foie y la mantequilla. Es decir, que deberían ser de consumo ocasional. “No tiene importancia que tomemos un alimento alto en grasas saturadas si en el resto del día no las hemos tomado (carnes rojas, bollería industrial…), pero también siendo conscientes de que los helados cremosos no tienen que integrarse en la alimentación diaria”, recalca Madrid, insistiendo en que se reserven para ocasiones especiales o “recompensas”

 

Para este especialista la única forma de saber qué comemos es leer la etiqueta nutricional de los productos. Sin embargo, algunos datos son difíciles de comprender para el consumidor, que se encuentra ante siglas de aditivos imposibles de descifrar. Eso hace que a veces nos dejemos seducir por recetas supuestamente más saludables, al leer proclamas como “helado sin azúcar” o “para diabéticos”,  que la mayoría de las veces son cantos de sirena.

 

Sustitución de azúcares

“Lo más habitual es que se sustituyan los azúcares de sacarosa por la fructosa, que es muy recomendable cuando la tomamos directamente de la fruta, pero hay estudios que demuestran que su uso como edulcorante favorece la resistencia a la insulina. En otros casos a los helados industriales les añaden los polialcoholes o alcoholes del azúcar, que no necesitan insulina para metabolizarse, pero también tienen bastantes calorías y si se toman en gran cantidad producen molestias estomacales, incluyendo diarreas osmóticas, advierte..

 

Madrid subraya que si un gramo de azúcar tiene 4 calorías, los edulcorantes más comunes (maltitol, sorbitol, lactitol…) solo tienen una menos por cada gramo, por tanto el helado seguirá siendo muy calórico. Además en los productos que no llevan azúcar suele haber más grasas saturadas o trans para compensar el sabor. “En una alimentación adecuada el 50 por ciento de las grasas debería venir de ácidos grasos monoinsaturados, como el ácido oleico; un 25 por ciento de grasas saturadas y otro 25 de polinsaturadas, pero los helados ultraprocesados suelen llevar dos tercios de grasas saturadas como las de palma y coco”.

 

El denostado término ‘light’

Para que un tipo de helado anuncie que es más ligero que otro, antes tiene que existir un punto de referencia. La versión que entendemos como light surge cuando se reducen las calorías del original en un 30%. Pero aquí también hay ciertas trampas para que no se diluya el sabor: si quitan grasas, añaden más azúcar, o en todo caso edulcorantes que no saben igual; o lo contrario, cuando se retiran azúcares, se añaden grasas.

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